Si bien el enamoramiento es evidente que no deja lugar alguno a la conciencia y a la razón, especialmente para aquéllas personas que son muy emocionales, un caso especial es cuando el enamoramiento llega al caso extremo en el que ambos miembros de la pareja sienten esta pasión desmedida.

Aquí  este estado de enajenación transitoria es compartido por ambas partes, llegando a no saber vivir uno sin el otro, incluso puede llegar a provocar comportamientos sin ninguna tipo coherencia.

Se viven momentos contrarios que se alternan con mucha rapidez, desde situaciones de una gran pasión a con situaciones de mucha ira, rencor y desasosiego. Pero todas ellas con una alta carga emocional.

Esta situación se puede vivir con mucha emoción pero es como vivir en una montaña rusa en la que puedes esperar cualquier cosa. Aunque los momentos buenos son maravillosos, los malos se viven con  un gran sufrimiento y frustración pues es tan imprevisible y rápidos estos cambios que no da tiempo a comprender ni asimilarlos.

 

El enamoramiento es inconsciente pero a la vez pasivo.

 

El foco de atención, exclusivamente, es que algo nos embelesa y entusiasma y sentimos tal atracción hacia ese objeto de deseo que queremos poseer a toda costa y disfrutarlo únicamente nosotros. Es egoísta, y no acepta compartirlo con nada ni con nadie.

Es en este momento cuando, en casos extremos, surgen los celos, los reproches las exigencias y presiones, afán de poseer a toda costa,…siendo susceptible incluso provocar violencia ya que se cree con todo el derecho sobre la otra persona y, por tanto, de dominarle e imponer su voluntad sobre ella.

Existe otra forma de expresión cuando este estado es exagerado y descontrolado, y es cuando se produce la mendicidad y súplica de amorcuando considera que no obtiene lo que desea de la otra persona. Igualmente aquí no existe coherencia ni racionalidad, es incapaz de ver la realidad, interpretando continuamente cada palabra y cada conducta de forma negativa, desconfía de todo lo que hace y dice la otra persona. Aparece la figura “víctima desconsolada”. En este caso también se dan esos comportamientos que tanto dolor provocan: celos, exigencias, reproches, miedo, inseguridad, afán de posesión,…

Este tipo de relaciones dista mucho de las relaciones en las que el amor es consciente, en el que se considera a la otra persona, y se percibe como mucho más que el placer y las satisfacciones que nos proporciona. Se preocupa por sus necesidades y le ayuda a conseguir su bienestar y su felicidad, se da un comportamiento de tolerancia y comprensión, y trata de evitar su dolor a toda costa.

Para muchas personas, el enamoramiento, es el estado ideal por las sensaciones que les provoca. Puede darse que tengan adicción a ellas y no puedan, por ello, mantener relaciones sentimentales duraderas en el tiempo, ya que cuando finaliza esta etapa también lo hace su interés, focalizando de nuevo su atención en encontrar a alguien que siga evocando esas reacciones y sentimientos.

A pesar de ser una experiencia maravillosa e intensa, estos extremos del Amor no suelen terminar de la mejor manera.
No te quedes en esta experiencia de amor, aprende cómo tener el control de tu Vida  Sentimental y a vivir el Amor con Armonía y Pasión.
Accede ahora a la Parte II del Programa:
Elena Calvo
contacto@helenacalvo.com