TÚ DECIDES: OCUPARTE O RESIGNARTE

 

 

Me resulta tan extraño nuestra forma de comportarnos en ocasiones que no puedo llegar a entenderlo.

Resulta que nos pasamos la vida quejándonos de lo que nos ocurre,  de lo que nos hacen, lo que nos dicen, la mala suerte que tenemos,…  Estoy haciendo alusión a temas emocionales.

 

Si bien esta realidad puede resultarnos tan habitual que no nos sorprende, sí debería hacerlo el hecho de que la mayor parte de las cosas de las que nos quejamos son siempre las mismas o similares.

Piensa por un momento en alguien que siempre se lamentándose de algún tema afectivo, sentimental o emocional. Ahora trata de recordar los motivos por los que lo hace, ¿van siempre en la misma línea? ¿Tienen una cierta similitud entre unos y otros? Lo más probable es que así sea.

¿Cuántas personas conoces que basen su vida en una continua queja en búsqueda de cariño y compasión? Seguramente que en cuestión de minutos te quedes sin dedos en la mano para contabilizarlas. Por supuesto que no niego que tengan motivos para hacerlo, seguro que sí y muchos, de hecho todos los tenemos.

 

La diferencia entre unos y otros está, no en el tipo de situaciones que vivimos, sino en la forma en la que interpretamos la situación y la afrontamos.

 

Claro que vivimos situaciones difíciles y que nos hacen sufrir, claro que no resulta fácil enfrentarnos a ellas, claro que es una pena, claro…, claro…, claro,….

Lo que no resulta tan claro es que cuando estas situaciones se producen de forma reiterada, sigamos echando la culpa a algo ajeno a nosotros mismos su aparición y persistencia.

Si esto es así,

¿No sería lógico pensar que el que esto ocurra continuamente indica que tenemos una cierta implicación en ello?

¿Por qué insistimos en culpar a otras personas, situaciones, destino, mala suerte,… de lo que nos ocurre una y otra vez?

Tenemos varias opciones:

–          Seguir culpando a las circunstancias externas de nuestra realidad indeseable.

–          Resignarnos a ella y vivir en permanente angustia y queja.

–          Buscar el motivo de por qué ocurren estas cosas y tratar de modificarlo.

 

Ante esta situación me pegunto,

¿Es que hay alguien que saque alguna satisfacción del sufrimiento?

¿Hay algún motivo que nos haga querer mantenernos en esa situación de la que nos quejamos continuamente?

 

¿Qué por qué me hago estas preguntas?

Muy sencillo, cuando una personas siempre se queja por la misma o similares cuestiones emocionales, lo normal es que las personas que se preocupan por ella, le den consejos y ofrezcan su ayuda para salir de ella.

Es aquí donde se “riza el rizo”, por muy extraño que nos parezca, existe una gran resistencia a aceptar ayuda, buscarla o simplemente tomar la decisión o el coraje para salir de esa situación.

Así es,  y es que los temas emocionales son totalmente distintos a los materiales. Si tienes insomnio o un dolor agudo y alguien te dice que te tomes una pastilla para que desaparezca, seguramente no pondrás reparo y dirás que si al instante.

Sin embargo, por ejemplo cuando alguien sufre porque su pareja le maltrata psicológicamente o le es infiel, … o simplemente no es feliz con él o ella, algo ocurre dentro de nosotros que nos hace resistente a llevar a cabo alguna acción para modificarlo.

Es como si hubiera algún Mecanismo que nos impidiera tomar este tipo de decisiones.

 

Algo nos hace actuar conforme al refrán “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”

 

 

Esta actitud, de alguna manera no sentencia a una vida de frustración y desilusión pero es la opción que decide cada uno.

 

Métodos y Técnicas para salir de este círculo vicioso hay muchas pero la más rápida y eficaz puedes encontrarla en el Programa “Quiérete Más…Te Querrán Mejor!”

 

 

Diseña Tu Futuro, No Te Resignes a Vivir con Frustración

 

Helena Calvo

contacto@helenacalvo.com